domingo, 20 de abril de 2008

Marco de Referencia: Política Ambiental

La gran preocupación por la crisis ambiental es cada vez más el tema de discusiones locales, nacionales e internacionales, a medida que se hace una brecha negativa entre las relaciones del hombre con su naturaleza.

Es por ello, que en 1972, la ONU organiza la primera reunión intergubernamental denominada “Estado del Medio Ambiente y el Hábitat”. De este evento surge como recomendación la creación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente PNUMA-1974 el cual sugiere para 1975, establecer un programa internacional de educación sobre medio ambiente, de carácter interdisciplinario escolar y extraescolar.

En la conferencia Intergubernamental de Tbilisi en 1977, se concluye que la educación ambiental debe ser una estrategia interdisciplinaria orientada a la solución de los problemas ambientales de acuerdo a las realidades locales. En 1992 se realiza la conferencia de Río de Janeiro, en donde se recomienda que uno de los componentes fundamentales en la construcción del Desarrollo Sostenible sea la educación y la participación Social.

En el 2002, en la cumbre de la tierra realizada en Johannesburgo, las naciones del mundo miran con preocupación el hambre como la consecuencia del rompimiento de las cadenas productivas y el desarrollo sostenible, por lo cual se recomienda una mirada global y analítica a los desacertados diagnósticos socio-ambientales y a adelantar una reformulación de las políticas educativas con relación al medio ambiente.

En Colombia en la Constitución Política de 1991, varios de sus artículos incorporan los derechos ambientales y los mecanismos de participación comunitaria. La Ley 99 de 1993, que crea el Ministerio de medio Ambiente, señala el papel de la educación ambiental en la transformación de la sociedad, y en los procesos de desarrollo sostenible.

La Ley 115 de 1994, Ley general de Educación, plantea dentro de sus fines promover y generar espacios para la toma de conciencia acerca de la conservación, protección y mejoramiento del medio ambiente. En esta misma Ley se contempla la obligación que tienen las instituciones educativas de proporcionar educación ambiental a los alumnos.

A nivel nacional si se han adelantado procesos orientados a la formación de docentes en la dimensión ambiental, para que ellos sean multiplicadores de los procesos en sus instituciones educativas, sin embargo, en nuestra región, algunas Instituciones Educativas no se encuentran aplicando de manera conciente y racional los procesos que se deben llevar a cabo y que la educación ambiental requiere, es por ello, que las prácticas pedagógicas tradicionales no han fortalecido la transformación de los sistemas educativos, en tanto, trasciendan a incorporar la dimensión ambiental en la escuela, lo cual es posible a partir de planteamientos articulados al proyecto educativo Institucional – PEI y a transformaciones desde lo curricular.

En este sentido, la educación ambiental se debe convertir en la forma de integrar conceptualmente la relación naturaleza – sociedad, hombre – naturaleza (relación con lo otro), hombre – sociedad (relación con los otros); implica además, generar cambios de actitud, amor y respeto por uno mismo, por el otro y por lo otro.

Por otra parte, el decreto 1743 de 1994, determina la obligatoriedad de la educación ambiental en los planteles educativos a través de la formulación de Proyectos Educativos Ambientales – PRAES. Lineamiento de la política nacional de Educación ambiental.

La ley 99 de 1993 da piso a la política ambiental colombiana y en particular propone adoptar conjuntamente con el Ministerio de Educación Nacional los planes y programas docentes, y el pénsum que en los distintos niveles de la educación nacional se adelantarán en relación con el medio ambiente para promover, coordinadamente con este ministerio, programas de divulgación y educación. Así mismo, institucionaliza la inclusión de los PRAE en los PEI, ley 115 Dec. 1860, con miras a coadyuvar a la resolución de problemas ambientales específicos.

Decreto 1743 de 1994

De igual manera, la política Nacional de Educación Ambiental (2002) plantea la necesidad de considerar la Educación Ambiental como un proceso que permite al sujeto comprender la relaciones de interdependencia con su entorno, resaltando la calidad sistémica del ambiente y por lo tanto la necesidad de comprenderlo bajo criterios investigativos, interdisciplinarios, interculturales, y destacando la importancia de la participación en el desarrollo de los proyectos.

El Plan Estratégico de Educación Ambiental del departamento de Antioquia, desde sus estrategias: “fortalecimiento de la educación ambiental en la educación formal” y “Orientación de políticas para la formación de agentes educativos ambientales”, establece objetivos que están en relación directa con los alcances del presente subproyecto, como es el caso del redimensionamiento de los proyectos educativos institucionales, currículo y planes de estudio en las Escuelas Normales Superiores.

Así mismo, el presente proyecto se corresponde con el Plan de Desarrollo y el PBOT del municipio de Copacabana.

En la Escuela Normal Superior también se puede contar con un referente importante, el cual es el sistema preventivo de Don Bosco, el cual se constituye en la filosofía que rige los principios que se quieren sustentar desde el PRAE.

Es así como la comunidad salesiana está llamada a servir al Señor con alegría y a trabajar con optimismo y caridad pastoral (cf. C 49-50). De este modo brota el arte de educar en positivo, es decir, se traduce en simpatía hacia la existencia, comprensión de la persona, optimismo al interpretar la realidad, acogida de la vida “en sus dimensiones de gratuidad, belleza, provocación a la autonomía, libertad y responsabilidad (EV 83); es recorrer los caminos de la educación preventiva, lo cual significa capacitar a la persona para permitir que emerjan las potencialidades que posee y para desarrollarlas gradualmente en el contexto cultural, sociopolítico y eclesial.

El Sistema preventivo de Don Bosco debe responder a las auténticas aspiraciones de la persona humana: la comunión con Dios, el amor, la búsqueda de la verdad en la confrontación y el diálogo. Todo esto crea un clima en el que, con la familia salesiana, las familias, los jóvenes y niños se converge hacia la comunión en la misión. Esta sinergia resulta favorecida por la complementariedad de las funciones y de las competencias, por la acogida cordial, la familiaridad de las relaciones, la confianza recíproca, por la capacidad de colaborar, por la paciencia y por el perdón…es pensar en los otros.

En definitiva, la PES (Propuesta educativa salesiana) se convierte en formadora de valores cimentados en la concepción de ambiente, el cual debe ser evidenciado en todas las áreas del conocimiento; he ahí la confluencia con el PRAE , pues fuera de lo anteriormente expuesto, ambos (PES y PRAES) según su naturaleza, crean y fomentan la cultura ciudadana.

Los problemas del ambiente no se pueden tratar, exclusivamente, según su dimensión natural físico- químico y biológico. Es indispensable considerar simultáneamente su dimensión humana, es decir, tener en cuenta las implicaciones demográficas, psicosociales, técnicas, económicas, sociales, políticas y culturales.
Esto se puede explicar fácilmente si se atiende a que numerosos problemas ambientales están directamente ligados al crecimiento económico, como consecuencia del gran desarrollo industrial de la posguerra: la contaminación de las aguas (desechos de las centrales térmicas), del aire (CO2 producido por los automóviles) y del suelo (utilización abusiva de abonos y pesticidas). Estos problemas nacidos o que tuvieron su origen hace algunos años, no han sido del todo asimilados, y la acumulación de sus efectos puede acarrear consecuencias lamentables para la salud de las poblaciones.

Por consiguiente, el ambiente no se puede aprehender sino en función del desarrollo. En este punto es importante establecer diferencias entre el desarrollo y el crecimiento. El concepto de crecimiento se relaciona directamente con lo cuantitativo, es decir, funciona en una lógica económica de productividad y rentabilidad máxima a corto plazo. El concepto de desarrollo, por su parte, se refiere a la satisfacción de las necesidades y aspiraciones de la población. En efecto, la disponibilidad de recursos, la organización del espacio y la preservación de la calidad del medio, son aspectos importantes del problema ambiental y condicionan el bienestar del individuo y lo social. Así, la manera como se interviene el ambiente (como se trabaja o se recupera) repercute en el nivel de desarrollo y las políticas ambientales son reveladoras de un tipo de ética social.

Así pues, la finalidad del trabajo con el ambiente es lograr el mejor estado de desarrollo posible. Esto hace referencia a sistema de valores sociales, es decir, a las prioridades que una colectividad decide para sus miembros y su futuro. El trabajo ambiental se relaciona en forma directa con la construcción de un proyecto en sociedad. En consecuencia, su preocupación no es solamente la calidad de vida de las diversas poblaciones, sino la supervivencia de la especie humana sobre la tierra.

Quizás todo lo anterior ubique mejor el carácter sistémico del ambiente y aclare por que el estudio del ambiente no es una disciplina científica, es decir, no es retomado totalmente por una disciplina científica particular. El estudio del ambiente es, sobre todo, un dominio de investigación: no hay ninguna ciencia privilegiada para emprenderlo. Por supuesto, existen ciencias a la luz de las cuales se puede aprehender el ambiente y comprenderlo y así, convertirlo en su lugar permanente de construcción de la acción social.

El estudio de la dimensión ambiental es entonces, una forma de ver el mundo. Las relaciones que se establecen entre los seres humanos y el medio o entorno dependen esencialmente de los modelos de producción y de consumo, así como del estilo de vida de una sociedad para satisfacer sus necesidades. Detrás de estos estilos de vida están los sistemas de valores, que son los que preocupan o deben preocupar a la educación ambiental, si ella acoge como una de las estrategias para cambiar las relaciones de los individuos y los colectivos con el entorno, en el marco planteado.

En resumen, la aproximación sistémica tiene su origen en el carácter global e integral del ambiente, en el que todos los componentes se interconectan y propician una dinámica particular que no se puede analizar desde la perspectiva lineal, en la que causa corresponda a efecto. Por consiguiente, ninguno de los componentes del sistema actúa aisladamente. Son las interacciones entre los diversos componentes las que permiten aclarar y comprender el funcionamiento de los sistemas. Para analizar cualquier situación ambiental o cualquier problema, es indispensable conocer a fondo cada una de las partes que integran el sistema, sus funciones y las relaciones que existen entre ellas y con la totalidad del mismo.

Una aproximación sistémica del ambiente revalúa sin duda el papel de las ciencias y de los especialistas, haciendo que los saberes que manejan contribuyan eficazmente a la explicación del funcionamiento del ambiente. La aproximación sistémica permite, entonces, conocer el funcionamiento particular de los componentes del sistema y acercarse a la comprensión de su funcionamiento global.

En el caso del sistema ambiental, la aproximación sistémica permite profundizar en el conocimiento del componente natural: su funcionamiento, sus desequilibrios, las causas tanto internas como externas de sus conflictos y su proyección futura, todo esto visto, claro está, en el contexto social, económico, y cultural. Igualmente, dicha aproximación obliga a profundizar en el conocimiento de la dinámica de los componentes sociales y culturales del ambiente para comprenderlo como una totalidad, sin perder de vista, el contexto natural en el cual se desenvuelven estas dinámicas. La totalidad de componentes que se encuentran en permanente interacción deben ser mirados y analizados sin olvidar los elementos referenciales de tiempo y espacio.

Todo lo anterior sirve para comprender como una aproximación sistémica debe contener otras aproximaciones como la científica, la ética, la estética, interdisciplinariedad, cada una de las cuales no es excluyente sino complementaria e interdependiente, cada una aporta elementos fundamentales para el análisis de un problema ambiental y enriquece la argumentación, toda vez que las aproximaciones se apoyen en disciplinas particulares que nutran las explicaciones en lo particular y abren posibilidades para la comprensión global. En consecuencia, esto permite entender cómo para la comprensión de todo lo ambiental se construye y deconstruye permanentemente espacios interdisciplinarios en un diálogo permanente de saberes.

Se puede afirmar que los hombres y mujeres están implicados (as) en las tramas de significación que ellos(as) mismos(as) construyen. Las culturas son tejidos, redes de significados y por eso su estudio es de carácter interpretativo, pues se orienta a desentrañar los sentidos y símbolos alrededor de los cuales se interpreta la experiencia, se orienta la acción y se integran socialmente.

Si se identifican las culturas con los procesos a través de los cuales se construyen socialmente los sentidos (acciones simbólicas, visiones del mundo, modos de organizar la vida concreta etc.), ya no se verán como un añadido más, sino como una dimensión integral de las personas y la sociedad. Asumir la dimensión cultural de la educación exige: prepararse para la expresión y la comprensión de múltiples códigos, lógicas y lenguajes; valorar y resignificar continuamente el propio saber cultural y social con la conciencia de que es fácil cambiar hechos y comportamientos externos, pero más difícil cambiar los valores que tienen como referencia los sentidos o significados personales. Lo más importante es comprometer los elementos determinantes que se refieren: inconscientes colectivos heredados, intuiciones, prejuicios, miedos, creencias, mitos, esperanzas, sensaciones y frustraciones elementos que conforman las características que van a determinar la propia autoimagen y autoestima personal; paradigmas, que son el resultado de los elementos anteriores y que se convierten en el motor, el modelo y los determinantes profundos de los comportamientos personales y sociales.

Es importante tener en cuenta dentro del contexto* a la escuela como espacio que posibilita la formación integral del hombre desde lo actitudinal, procedimental, y cognitivo que le permita la valoración de sí mismo, del otro y de lo otro generando diferentes aprendizajes significativos que le posibiliten actuar en el medio y construir alternativas de solución a las situaciones problematizadoras que se le presentan en los distintos contextos sociales, culturales, políticos, económicos, naturales, entre otros.

Incluida la escuela, es inminente hablar de la presencia del maestro como el ser en continuo proceso formativo que hace posible la formación y construcción del ser, saber y hacer de sus educandos, vinculando todos los elementos que interactúan para hacer asequible el conocimiento a través de estrategias pedagógicas que permitan el desarrollo del pensamiento que se materializa en acciones, capacidades y expresiones espirituales, humanas, sociales, naturales en el contexto.

Indudablemente no puede dejarse de lado del maestro ni la didáctica (entendida como campo disciplinar de la pedagogía), ni el currículo (fundamentado en la interdisciplinariedad), ni las estrategias que hagan de la educación ambiental un proceso reflexivo que le permite al individuo comprender y transformar su entorno, buscando con ello mejorar su calidad de vida y asumir su realidad biofísica, social, política, económica y cultural, por tanto garantizar un desarrollo sustentable que conlleve al sostenible.

El ambiente es concebido como un sistema dinámico de interacciones (acciones que permiten traspasar la frontera del YO para entrar en relación con el otro y con lo otro) entre las sociedades humanas y el sistema natural, mediados por la cultura (genera transformaciones). Se desarrolla desde una visión sistémica que lleva a la reflexión crítica para tomar conciencia necesaria para transformar la cultura.
Finalmente, cultura-contexto-escuela-maestro… serie de elementos que aunados van a posibilitar a los sujetos sobreponerse a todas las situaciones ambientales, asumidas como aquellas realidades y condiciones en las cuales se encuentra el ambiente, en espacios y tiempos determinados en lo cual subyace lo físico, lo geográfico, lo natural y lo cultural para comprender como interactúan en dichos espacios los individuos con lo que la naturaleza ofrece desde la triada : integración- participación- socialización, facilitando los procesos de aprehensión y análisis crítico de las realidades ambientales para determinar las causas que originan los diferentes impactos donde intervienen variables como : recursos-población- sociedad- consumo- tiempo.
* Es un sistema en el cual intervienen diferentes espacios (físicos, geográficos, ecológicos y/o ambientales), donde se establecen relaciones recíprocas, permitiendo a los individuos y a los colectivos que se reconozcan y reconocen a los demás, generando sentido de pertenencia a partir de la identificación propia y de su ambiente, donde se establecen construcciones dialógicas aprehensibles para la reflexión y toma de conciencia de las realidades en las que está inmerso el hombre dentro del mundo natural, social y cultural a través de la instauración del yo simbólico que le posibilite trascender a otras esferas tiempo- espacio.
Partiendo de la definición de contexto se toma contexto ambiental como la relación establecida entre naturaleza- sociedad donde permanentemente se generan interpretaciones, argumentaciones y proposiciones que conlleven a la construcción de nuevos paradigmas desde la continua formulación de interrogantes, hipótesis y posibles alternativas de solución para las problemáticas y fortalezas de lo natural- social y cultural.